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Habló el estanciero que cerró accesos hacia la Playa Villarino: “Yo soy el héroe en este lugar”

Cayó con dureza contra el Ministerio de Turismo de la provincia y los pescadores artesanales que habitan la zona que dejan “lleno de mugre” . Reconoció haber dado la orden para impedir el ingreso. Desde su punto de vista, el terreno debe convertirse en un destino para el turismo controlado y sustentable.

Alejandro Ferro es cuarta generación de una familia que colonizó el campo de la Playa Villarino en 1880. Su abuelo lo heredó en 1935 y su padre se hizo cargo en 1982. Ahora él y sus cinco hermanos controlan esta paradisiaca porción de tierra en las costas del Golfo San José de Península Valdés.

El propio Ferro reconoció que la familia apunta a recuperar proyectos que en su momento fueron aprobados por el Gobierno de la Provincia para preservar el lugar. En el marco de esa misión, el estanciero cayó con dureza sobre el Ministerio de Turismo de la provincia y los pescadores artesanales que habitan la zona.

La posición de Ferro es contundente: “Los pescadores y los turistas dejan la playa llena de mugre y la Provincia no hace nada. Somos los privados los que tenemos que controlar toda la Península”.

También reconoció haber dado la orden de bloquear parte de los accesos a la playa: “Lo que se cortaron fueron los accesos a cuatriciclos y motos. La idea es poner cartelería que seguro, en un par de días, me las van a saquear automáticamente aquellos trasgresores que se quieren meter ilegalmente a la costa”.

Es razonable considerar que los pescadores artesanales con más de 30 años de actividad en la zona se opongan a sus ideas y en la semana se hayan reunido con el intendente de Puerto Pirámides, Fabián Gandón, para informar sobre la obstrucción de los caminos “A mí la gente me critica porque estoy cumpliendo el rol del Estado. Yo acá soy el bueno de la película, soy el héroe en este lugar. Ferro está poniendo las cosas en orden”.

“Era un aguantadero”

Llama la atención una peculiar circunstancia que es la destrucción de un antiguo refugio, con más de 50 años de historia. Pescadores de la zona manifestaron que Ferro mandó a destruir aquella edificación de concreto que era utilizada como protección por los vacacionistas. De acuerdo a sus dichos, ese lugar era un “aguantadero” al que habían saqueado por completo con el paso de los años. “Se robaron hasta una placa de bronce. Parecía una parada de colectivos abandonada. Lo usaban para cagar, mear, tirar botellas, hasta para hacer asados”.

“También tuve que enterrar dos casas a las que les habían robado todas las aberturas y las chapas”, continuó.

Turismo sustentable

Desde el punto de vista de Ferro, Villarino debe convertirse en un destino turístico controlado: “Queremos cuidar el lugar para que el día de mañana haya muchos puestos de trabajo a través de actividades sustentables. Crear una economía alrededor del turismo. Hoy nadie genera puestos de trabajo en estas playas”, aseguró.

Otro factor que se suma a la preocupación de los propietarios de tierras en la Península es la falta de controles en el ingreso al mar: “Yo hace ocho años que le ofrezco a la provincia tierras y casas construidas por el INTA para que pongan un puesto de guardafauna, Prefectura y la Secretaría de Pesca, pero como el Estado está quebrado, a ninguno se le ocurre una idea y todos se quieren jubilar con un sueldo alto, todo queda en la nada”

“Cosas horribles”

El propietario afirmó que en las dos playas pasan cosas “horribles” y justificó: “En el año 2003 por un fuego mal apagado se prendieron 2 mil hectáreas y el Estado no se hizo cargo de nada”.

Nada podía resultarle más irritante que la negligencia de las personas que frecuentaban la playa, sin embargo, el primer incidente grave con los pobladores de la zona sucedió después una matanza de animales 2020. Las características del hecho descartaban la responsabilidad de predadores y coincidían con un ataque efectuado con armas de fuego.

Ferr por su parte confirmó el informe y trajo recursos adicionales a la escena.

“En septiembre de ese año hubo un allanamiento en Playa Larralde por denuncias mías por casos de abigeato. Nosotros teníamos vacunos ahí y me faltaron tres terneros. Además, en el campo vecino le habían faltado un montón de ovejas. Por eso la justicia allanó casas en Playa Larralde y en seis de ellas encontraron ocho armas. Hoy Playa Larralde es un villerío, todo lleno de mugre, con basura, los restos de las vieiras tirados por todos lados y colectivos podridos en la playa. Así ningún turista va a querer ir a Larralde o Villarino para ver soretes y papel higiénico flotando en el mar”.