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Fraude en la UNPSJB: piden 3 años de prisión condicional e inhabilitación para Pablo Pugh

En su alegato, el fiscal Nürnberg consideró probado que el abogado de Trelew adulteró actas y libros de exámenes. Y que en un “acto desesperado” sacó el material de la Facultad para intentar enmendar su maniobra y enviarlo a la sede en Comodoro Rivadavia para mostrar que no había irregularidades.
Cerca del final. Al juicio contra Pugh sólo le falta el alegato de su defensor y luego habrá veredicto.
Cerca del final. Al juicio contra Pugh sólo le falta el alegato de su defensor y luego habrá veredicto.

El fiscal federal Teodoro Nürnberg consideró probado que el abogado de Trelew Pablo Pugh adulteró libros de actas de exámenes en la sede Trelew de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”. Al saber que la maniobra había sido descubierta intentó repararla con otra grosera manipulación en la documentación. En su alegato Nürnberg pidió que el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia lo condene a 3 años de prisión en suspenso y a 6 años de inhabilitación para ocupar cargos públicos.

“En el juicio quedó claro que se incluyeron 7 materias aprobadas por el alumno Facundo Vega, que en realidad no había rendido”, explicó el fiscal. “Fue el comienzo de una maniobra de tres pasos que se salió de cauce al ser descubierta”.

Nürnberg alegó que “primero se asentó una mentira en las actas volantes y en los libros; luego se la quiso neutralizar anulándola y finalmente se erradicó todo extrayendo los folios de esos libros y se los suplantó por folios que ya no exhibían esas mentiras”. La idea de Pugh fue “presentar los libros impolutos como si no hubiese pasado nada”. Esas materias se habían cargado por computadora en el certificado analítico de Vega ya que no era suficiente con que figuren en los libros. Nunca se supo quién hizo esa carga y descarga virtual.

La pericia y los testimonios acreditaron la falsificación de firmas. Nürnberg destacó el testimonio del ingeniero Pedro Bramati, quien por su experiencia como encuadernador explicó la adulteración ante el Consejo Superior de la UNPSJB.

Luego de que las administrativas Lidia Villarroel y Silvia Margusino descubrieron la maniobra y se lo dijeron el 8 de mayo de 2015 al decano Augusto Ferrari “se intentó corregir los agregados con salvados y tachas firmadas por Pugh, que ellas vieron entre el 8 y el 12 de mayo”.

El decano nunca les contestó. Por eso hicieron la denuncia el 15 de mayo. “Eso generó una avalancha de acontecimientos: la renuncia de Pugh como secretario de Investigación y Posgrado aceptada el mismo día, la resolución para designar a Rubén Fleitas y la orden de un expediente administrativo”, describió.

Cronológico

“Siguiendo el relato de Pugh, como intuía lo que iba a pasar fue a la Facultad el domingo 17 de mayo a la tarde a buscar dos cajas de efectos personales”, repasó el fiscal. Esa entrada la anotó el sereno. Al otro lunes 18 regresó entre las 7.15 y 7.30 a retirar los libros sin ningún control porque “debía resguardarlos”. De esta segunda visita no hay registro porque a esa hora no hay serenos ni administrativos. Los llevó a una Escribanía para fotocopiar los siete folios corregidos. “Llama la atención que no le avisó a nadie lo que haría, y su explicación de que fue para que nadie más cometa otra irregularidad no resiste el menor análisis”. Ese lunes Villarroel y Margusino ya no hallaron los libros.

“Ocurrió algo que llama poderosamente la atención: todo aquello que dos testigos habían observado y que por su gravedad motivó una charla con el decano, y que ante la inacción motivó una denuncia, la renuncia de Pugh y su reemplazo, de pronto todo se desvaneció. No estaba más”.

Tanto fue así que para el fallecido rector de la UNPSJB Alberto Ayape, para su auditor Carlos Padín y para Ferrari “los libros estaban correctos y era un tema superado. Fue un ardid que desembocó en lo que sin dudas probamos: la falsificación”.

Si Pugh se enteró de la denuncia al menos desde el 15 de mayo, “¿no hubiera sido más sencillo directamente pedir una simple pericia de lo que le endilgaban?”. Según Nürnberg “esto hubiese permitido la tranquilidad que buscaba el imputado, simplemente comparando las firmas de los libros con la suya”. Pero en lugar de eso, ya renunciado y reemplazado, “sacó los libros sin avisarle a nadie y fue a una escribanía a certificar que aquello que dos testigos vieron y fotocopiaron ya no estaba”.

No chequeó los libros en la Facultad para limpiar su nombre: los mandó a Comodoro Rivadavia. “Si vio que las fojas no tenían agregados ni enmiendas, ¿no hubiera sido la prueba concreta del complot que dice que hubo? Pugh habría encontrado la prueba de su inocencia. Según su versión tenía en sus manos los libros impolutos. Pero lo único que hace es enviarlos a Comodoro; si es abogado, ¿no se le ocurrió hacer una denuncia?”.

Es difícil de entender porque un domingo fue a la Facultad y regresó el lunes siguiente. “¿Por qué separar las acciones? Es difícil de aceptar que entre las 21 del domingo y las 7 del día posterior haya decidido retirar los libros pese a la gravedad de los hechos”.
Nürnberg alegó que no pudo haber un complot para sacar a Pugh de la Facultad. “Habría que pensar que los conspiradores falsificaron la firma de Pugh, después la sacaron y después sacaron las hojas del libro, ¿por qué en lugar de dejar las cosas como estaban fueron eliminando las acciones? Habría que suponer que alguien ante la detección de las irregularidades hizo lo mismo que Pugh: removió los folios y los volvió a dejar para que él los hallara así”. Sin embargo en la causa no hay evidencia alguna de animosidad contra el abogado.

Viaje insólito

El acusado declaró que el lunes 18 mandó los libros a Comodoro y solamente se lo avisó a Fleitas. Y que después del miércoles 20 ya nadie le quiso atender el teléfono.

El 22 decidió viajar en su auto a Comodoro para retirar el paquete de la empresa -que nadie había buscado- y llevarlos en persona a Km. 4, sede universitaria. “No es lógico ni creíble hacer 800 kilómetros ida y vuelta pudiendo evitar tal periplo con una simple llamada para avisarle al destinatario”.

Si de verdad quería preservar una prueba que quemaba en las manos “es ilógico que no le haya comunicado el número de guía de modo fehaciente a alguien durante los 4 días posteriores y que sólo haya llegado a decirle a Fleitas”.

“Causa tristeza que la primera respuesta institucional de las autoridades haya sido que el tema iba a ser tratado por un grupo político –deslizó el fiscal-. La denuncia no nació de las autoridades sino del personal administrativo y los profesores”. Recién entonces la cúpula se vio forzada a intervenir.

Nürnberg también criticó la amenaza a las denunciantes con un sumario para descreditarlas. “Las autoridades decían que los libros estaban bien y que el tema estaba cerrado y superado; hasta ese momento no habían dejado solo a Pugh, lo acompañaron hasta donde se pudo porque después fue querer tapar el sol con la mano”.
El fiscal interpretó que con todo su ir y venir el abogado “quiso eliminar toda evidencia para permitir a las autoridades superiores afirmar que el tema estaba superado”.
Nürnberg calificó como “un acto desesperado” el comportamiento de Pugh de ingresar al edificio de aulas de Trelew en dos oportunidades separadas por 12 horas para tener los libros y suplantar los folios de modo de intentar mostrar que no había toqueteo de la documentación.

“Hubo un claro perjuicio y descrédito público y notorio para la UNPSJB, se cuestionó y dejó de ser confiable el propio registro de los alumnos y quedó en tela de juicio la honra de los profesores”, concluyó el fiscal.