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Un grupo golpeado por la realidad que lloró la nueva final perdida

El plantel sufrió como nunca esta nueva «decepción», al decir de su capitán, quien retornó llorando como la mayoría de sus compañeros hasta el hotel W de Hoboken, donde la noche anterior habían acuñado el sueño de ser campeones por primera vez con la «albiceleste».

A las 3 de la madrugada en Nueva Jersey la delegación argentina partió desde el hotel de concentración por una salida lateral a la que tuvo acceso Télam, que pudo observar los gestos de perplejidad de los futbolistas y el propio entrenador, Gerardo Martino, quienes iban dirigiéndose de a uno hasta el micro que los transportaría al aeropuerto internacional local, desde donde tenían previsto embarcarse dos horas más tarde hacia Buenos Aires.

Lo observado en la zona de vestuarios del estadio MetLife menos de tres horas antes no difirió demasiado de lo que se vio después, ya en plena madrugada, donde los futbolistas se vieron alentados por una veintena de hinchas argentinos que los consolaba a su paso.

«Ni en el micro ni en el hotel nadie le preguntó a (Lionel) Messi por su renuncia a la selección, porque en realidad la mayoría no se enteró», y los que sí lo hicieron justificaron sus dichos por «un momento de calentura», según advirtieron, entre otros, el arquero Sergio Romero y Nicolás Otamendi.

«La verdad que el viaje de vuelta en el micro desde el estadio fue muy triste, porque nadie habló una palabra y a la mayoría se los oía llorar», le confirmó a Télam un integrante del cuerpo técnico que conduce Gerardo Martino.

Algunos jugadores como Gonzalo Higuaín no salieron del hotel porque permanecerán de vacaciones por los Estados Unidos, mientras que otros como el mencionado Romero acompañaron a sus compañeros hasta el micro para despedirlos, pero también se quedarán por aquí junto a sus familias (en el caso del arquero, su esposa Eliana Guercio hace varios días que se encuentra en este país y ya lo había ido a visitar al hotel de Houston).

A las 2.50 fue Lionel Messi quien abandonó el hotel con el mismo gesto adusto con que se lo vio en la conferencia de prensa del pasado viernes, aunque menos locuaz y con los ojos enrojecidos tanto por el penal errado previamente como por la decisión que acababa de tomar de renunciar al seleccionado argentino.

Y detrás del micro de los jugadores partió otro transportando a sus familias. Claudio ‘Chiqui’ Tapia, el único referente dirigencial que viene siendo tenido en cuenta por los futbolistas y el cuerpo técnico, salió entre los jugadores escoltado por Juan Carlos Crespi y Víctor Blanco, el presidente de Racing Club que oficia de coordinador de selecciones, aunque no tiene comunicación fluida ni con los futbolistas ni mucho menos con el ‘Tata’.

Así, de manera apresurada, como si no quisieran permanecer «ni un minuto más» en los Estados Unidos, la mayoría de los futbolistas argentinos se alejó en plena madrugada rumbo a sus lejanas casas en Argentina, y casi no hubo hinchas para despedirlos.

Los destinos de varios de ellos como el del propio entrenador son impredecibles. «Esto es como cuando muere un familiar. En un primer momento te ponés muy mal, pero al otro día te levantás un poco y al siguiente más, hasta que empezás a pensar que la vida continúa y hay que seguir. Ahora se nos vienen los Juegos Olímpicos y la rueda no para», le ejemplificó a Télam ese miembro del cuerpo técnico argentino. La comparación vale. Y si no, bastaba con verles las caras a los jugadores y a Martino.