El dictador Videla pide que haya otro golpe de estado

17 /03 / 2013

Así lo expresó el genocida en una entrevista concedida desde la cárcel a una revista española. Se refirió en duros términos al gobierno actual, al que acusó de «Unicato Totalitario» y llamó a «resistir y combatir» al «marxismo anacrónico».

El ex dictador y genocida Jorge Rafael Videla llamó a sus compañeros, «los jóvenes que tienen entre 58 y 68 años», a «armarse y combatir» el «Unicato Totalitario de los Kirchner» y dice que es «un preso político». El mismo sábado en que murió José Alfredo Martínez de Hoz -su socio en la última dictadura militar-, se publicó una nueva entrevista con el dictador desde la cárcel  de Marcos Paz.

Amparado en un contradictorio espíritu de nobleza -para quien está preso por ser la cabeza de la última dictadura militar que acabó con la desaparición de 30 mil personas- Videla dijo que era «oportuna» su «ruptura del silencio», ante «el estado de anomia política que padece la sociedad argentina, provocada por el propio Gobierno». No fueron las únicas críticas que esgrimió ante la revista española Cambio16.

Con hálito justificador, el hombre que lideró la peor masacre del país señaló que entonces solo «fueron detenidas aproximadamente 32.000 personas, de las cuales 25.000 recuperaron la libertad». De esta forma, Videla aseguró que «la categoría de detenidos-desaparecidos, que se calcula pregona en 30.000 (permanentemente declamado, pero nunca debidamente demostrado y sí puesto en evidencia en el libro Nunca más, que demuestra que nunca pasaron de los 7.600), incluye estos 25.000 detenidos y luego puestos en libertad». A su vez, renovó su anacrónico pedido por la obediencia debida, señalando que solo él es responsable por lo sucedido y no «los jóvenes que seguían las órdenes de los jerarcas».

Videla, que cumple varias condenas a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad -torturas, robos de bebés, desapariciones, entre otras cosas-, dijo que en Argentina «la República ha desaparecido» y que «soporta hoy una nueva guerra sin hacer uso de la violencia física tal cual lo propone Gramsci, tomando a las instituciones como rehenes». En su irrisoria lectura, el dictador pidió «armarse» y «resistir» para vencer al «marxismo anacrónico que hundió al país».

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